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28/7/11

La curva del cambio


 
Las fases de cambio o transición por los que pasamos en la vida, sean personales o profesionales, pueden tener un sabor agridulce y son una oportunidad para nuestro crecimiento como personas. Digo sabor agridulce ya que un cambio supone la aceptación e integración de una nueva realidad, un nuevo hábito, algo que es novedoso hasta entonces. Todos pasamos por cambios, podemos recordar pasar de niños a adolescentes y luego a adultos, podemos cambiar de casa, de ciudad, de país, de trabajo, de empresa, de estado civil, de corte de pelo, de coche, de religión, de ideas, y podíamos seguir haciendo la lista. Todo esto son nuevas situaciones a las cuales nos adaptamos (mejor o peor) a lo largo de la vida tanto de las personas como de las empresas.

La verdad es que si reflexionamos el cambio es algo constante en nuestras vidas y para el cuál no siempre estamos preparados emocionalmente.  ¿Cómo podemos entonces aceptar e integrar de manera más efectiva los cambios? Una manera de hacerlo es conocer la curva del cambio por la cual todos pasamos en una situación de transición voluntaria o involuntaria. Claro que es mejor que el cambio sea impulsado por uno mismo pues aquí entra su libertad de elección, sin embargo, también nos enfrentamos a muchas experiencias de cambio para las cuáles no hemos elegido y a las cuáles tenemos que manejar de la mejor manera que podamos, aceptando e integrando una nueva situación, contexto y/o personas que antes no existían.

La figura de “la curva del cambio” refleja lo que pasa cuando tenemos un objetivo de cambio. El proceso pasa por 3 dimensiones: tiempo, inversión y ganancia. Una nueva manera de hacer las cosas significa también una nueva manera de pensar. Así que al comenzar un nuevo hábito sentimos muchas veces un “desajuste” en nuestra rutina, es decir, como que no estamos acostumbrados y por eso nos cuesta. Esta dimensión debemos intentar que sea de corta duración, es decir, si se alarga demasiado la curva descendente, esta puede seguir hacía abajo y el cambio no suceder. Además puede alargarse esta fase de negación o rechazo al cambio, dificultando la adaptación de la persona a una nueva situación.
La otra dimensión es la inversión (puede ser energía, esfuerzo, disciplina, dinero, etc.) necesaria para que las nuevas rutinas (el cambio) se puedan incorporar a lo largo del tiempo. Esta es la fase más exigente de la curva. Aquí es cuando se requiere una fuerza de voluntad personal o determinación empresarial para seguir con ese cambio, ya que en realidad se pretende llegar a un objetivo marcado. Características como el compromiso, la responsabilidad, la determinación o persistencia son fundamentales para superar con éxito este paso del proceso del cambio.  

Pasado un tiempo y manteniendo las nuevas rutinas, la sensación de “desajuste” y el esfuerzo empiezan a desaparecer de forma paulatina y el nuevo hábito se va integrando en nuestra rutina o de la empresa. Aquí es cuando sentimos la otra dimensión, la ganancia de haber mantenido la nueva rutina a lo largo de un tiempo hasta que pasa de hacer parte de nuestra manera natural de hacer las cosas, es decir, pasa a estar integrado en nuestro comportamiento natural.

La dimensión del tiempo es una variable que depende de cada persona y aquí es importante nombrar un valor  que puede hacer la diferencia en la concretización de cambios importantes – la paciencia. Muchas veces es necesario esperar y tener paciencia para aceptar e integrar nuevas rutinas para poder llegar a los cambios que te hacen crecer y desarrollar hacia tus metas o sueños.

Esta es una realidad que sucede también en la vida de las empresas, con la complexidad que implica el cambio tanto de personas como de procesos en las organizaciones. Por ello, es importante y necesario que los cambios sean acompañados también por un desarrollo emocional de los individuos, que les permita elevar su nivel de conciencia y responsabilidad hacia las nuevas circunstancias. Esto permite que la integración de nuevos hábitos se haga de manera más natural y eficaz para todos los implicados en un proceso de cambio.

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